Cuando entré en el edificio, todo estaba vacío, muerto. Nadie en el pasillo. Nadie en las escaleras. Nadie frente al aula esperando que llegara la profesora. Inquieta, entré. Un simple vistazo me bastó para comprobar que el aula también estaba vacía... o no.
En medio de la desolada aula, sobre uno de los desolados pupitres, había un solitario objeto.
Me acerqué, todavía sin soltar la mochila, con curiosidad, con lentos pasos, sin hacer ruido.
Se trataba de una cajita metálica, redonda. Una cajita de cacao para los labios. Estaba cerrada, pero no impidió que mi mente empezara a imaginar su olor, estimulando mi olfato de manera que su fragancia pareciera ya tan real.
Me acerqué más. Quería cogerla y abrirla, pero me contuve.
Parecía un duelo: frente a frente, solas, la cajita y yo. Provocándonos. ¿Quién daría el primer paso? ¿Quién sucumbiría primero y se movería? Estaba claro que no sería la cajita, así que dejé mi mochila en el suelo, alargué la mano y la cogí.
- ¡ Mi cajita ! - gritó alguien tras de mí repentinamente. Pegué un salto y la cajita casi resbala de entre mis dedos. - La has encontrado. - una chica estaba bajo el marco de la puerta. Se me acercó. - Gracias.
Y me la quito de mis manos.
Índice
-
- Capitulo 1: el número áureo ф y aquella puerta blanca roto
- Break 1-1
- Capítulo 2: El número áureo y los caprichos de la vida
- Capítulo...



1 comentarios:
Está claro que esa chica no era la dueña de la cajita, sólo alguien perspicaz que dió con la manera de que renunciaras fácilmente al botín de tu emocionante hallazgo...
Publicar un comentario en la entrada